
El Hugli, cuyas aguas son reputadas como sagradas por las poblaciones de la alta India que emprenden frecuentes y largas peregrinaciones, para arrojarle las cenizas de sus difuntos, o para bañarse es uno de los más importantes ríos de la gran península asiática. Su largura no supera las cincuenta leguas marinas, estando formado por la reunión de los ríos Cossimbazar y Djellinghey, las dos ramas más occidentales del Ganges; pero la masa de las aguas es muy considerable, engrosada desde la derecha por el Damodar, el Rupnarayan, el Tingorilly y el Haldi.
Sobre este brazo del Ganges reina una actividad extraordinaria, febril, que iguala a aquella de los ríos gigantes de América Septentrional. Aprovechando la marea alta, que se hace sentir muy fuerte, navíos de línea, provenientes de todos los puertos del globo lo remontan deteniéndose en Calcuta, en Chandernagor o en Hugli, las tres ciudades más importantes situadas en sus orillas.
Piróscafos, barcas, brig, bergantines, goletas y sloop, se encuentran dondequiera a lo largo de su curso. Ni hablar de las pinazas, de los pulwar, de las bagalas, de los moor-punkee, de los feal charra, de las donga y de todos aquellos otros barcos más o menos grandes, de construcción india, que se contaban por millares y que se cruzaban en todas las direcciones.

















