
El kampung de Orango-Tuah era una gran villa malaya fortificada, como lo son en general todas las de Borneo, para defenderse de las correrías de los pueblos del interior y especialmente de los dayak, con los cuales están siempre en guerra.
Se componía de trescientas cabañas de madera con los techos cubiertos de hojas de nipa, defendidas por altas y sólidas empalizadas y por densos matorrales de bambúes espinosos, obstáculos casi insuperables por los pies y los miembros desnudos de los indígenas. Los habitantes podían además contar con una media docena de praos armados de espingardas, que estacionaban en un pequeño lago comunicado con el mar por medio de un canal.
















