miércoles, 27 de enero de 2021

VIII. Hambre, sed y puñetazos


Aún cuando la cesta debió estar un poco pesada, especialmente con las botellas vacías y los fragmentos, Surama, la pequeña rani, como si imprevistamente hubiese adquirido una fuerza extraordinaria, casi al igual que la del hercúleo rajput, había vuelto a bajar la escalera, siempre con la misma seguridad de antes. Sin embargo, no debía ver, porque de otra manera habría divisado fácilmente a Kammamuri y a sus dos compañeros.
Por tercera vez volvió a pasar entre los ayudantes que alborotaban siempre más ferozmente, devorados más que nada por la sed, porque se habían metido no pocas ratas dentro de sus sacos pelados, y se detuvo nuevamente en la extremidad del colchón ocupado por el prisionero:
—Aquí estoy.
—Demasiado tarde —dijo el paria con voz oscura—. He visto todo, aún permaneciendo aquí.
—Bebe: hay botellas.
—Están todas vacías y las que estaban llenas han sido partidas. Veo la cerveza descender al subterráneo y no puedo beberla.

lunes, 11 de enero de 2021

VII. Los furores de los filósofos


Apenas habían salido cuando el baniano extrajo de un saco un cordero muerto, ya un poco pasado a juzgar por el olor desagradable que transmitía, y lo puso en la extremidad del colchón ocupado por el paria, hacia los pies.
—Correrán en batallones —dijo el cazador de ratas—. Quiero ver si este hombre sabe resistir el temor de ser devorado vivo sin poder defenderse.
—¡Uf...! —dijo Kammamuri—. Tengo más confianza en mis pajarracos.
—Veremos, sahib. Hay otras dos puertas allá abajo que conducen ciertamente a otros subterráneos más inmensos. Abrámoslas, retirémonos y disfrutemos de la escena. Estaremos listos para intervenir si los roedores tienen demasiada hambre y quieren morder demasiado fuerte la carne palpitante.
—¿Debemos apagar las linternas?

viernes, 25 de diciembre de 2020

VI. El magnetizador


Llevaban esperando casi una hora, estando el refugio de los parias bastante lejos, cuando vieron reaparecer al baniano y a los shikaris cargados como mulas, de viejas alfombras.
—Alteza —dijo el cazador de ratas que precedía a los cuatro shikaris—, aquí está la salvación.
Yanez lo miró y sonrió burlonamente.
—¿Es esta la escala que arrojarás a través del río?
—Sí, Alteza. He notado que las aguas son extremadamente pesadas, impregnadas como están de arena y desperdicios de todo tipo que las pequeñas cloacas conducen hasta aquí.

jueves, 10 de diciembre de 2020

V. El falso brahmán


Los dos molosos, apenas liberados de las cadenas, no partieron enseguida. Se recogieron un momento sobre sí mismos, olfateando y volviendo a olfatear el aire, luego se descargaron con la velocidad de dos proyectiles a través de una puerta baja que debía conducir a algún refugio.
Todos los hombres tenían las manos firmes sobre sus carabinas, listos para ametrallar a aquellos misteriosos individuos que huían delante de ellos sin intentar ninguna resistencia, pero poniendo a dura prueba la paciencia de los invasores que comenzaban a tener suficiente con aquellas apestosas y oscuras cloacas. Por algunos momentos oyeron a los dos molosos gruñir espantosamente, haciendo resonar la bóveda de la galería con extraños fragores, luego siguió un breve silencio.
—En guardia —dijo Yanez—. Los perros deben haber llegado.
En aquel momento, alaridos horribles rompieron el silencio, seguidos por numerosos tiros de pistola. Debía haber sido empeñada la batalla entre los hijos de las altísimas montañas del Tíbet y los misteriosos individuos.

martes, 24 de noviembre de 2020

IV. La cacería a los envenenadores


La noche siguiente, apenas los gongs dispuestos en varios barrios de la capital habían dado el toque de queda, un pelotón formado por diez hombres salía misteriosamente del palacio imperial.
Estaba precedido por dos molosos tibetanos, soberbios animales, robustísimos, de cuerpo fuertísimo, con los labios colgantes, que a causa de dos pliegues les dan un aspecto verdaderamente terrible. Son grandes como un ternero y poseen tal fuerza muscular como para luchar de manera ventajosa contra los osos y derribarlos. ¡Ay si muerden...! Quiebran siempre o producen espantosas heridas. El pelotón estaba formado por Yanez, Tremal-Naik, Kammamuri, el baniano y seis shikaris que conocían a los dos molosos y que podían lanzarlos en el momento oportuno.
Todos estaban armados de carabinas y pistolones de doble cañón, de buen alcance y llevaban, bajo media capa de caucho, pequeñas lámparas chinas para encender más tarde.
Los habitantes ya se habían retirado, despejando las calles, para nada preocupados, al parecer, por el nuevo crimen que había golpeado al gobierno imperial. Aquella calma, o mejor dicho, aquella indiferencia, había golpeado un poco a Yanez, que nada se le escapaba.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

III. El cazador de ratas


Un momento después entraba en la pequeña sala el famoso cazador de la jungla negra y de los thugs de los Sundarbans.
Era un bellísimo tipo de indio bengalí, ya casi de sesenta años, una persona elegante y flexible sin ser delgada, de facciones finas, enérgicas, la piel levemente bronceada como los indios que salen de las altas castas, no contaminadas por las impurezas de los parias.
Vestía como los ricos indios modernizados por la Young India, que ya han dejado el dhoti y la dupatta por el traje típico anglo-indio, bastante más cómodo: chaqueta de tela blanca con alamares de seda roja, faja bordada altísima que sostenía dos largas pistolas, pantalones estrechos también de seda blanca, y sobre la cabeza un pequeño turbante variegado.
—¿De dónde vienes? —gritó Yanez, tendiéndole la mano, imitado enseguida por Surama—. Creía que te habían envenenado también a ti.
Sobre la frente del indio pasó como una nube, y sus ojos negrísimos tuvieron un destello.

jueves, 29 de octubre de 2020

II. El veneno del bis-cobra


Disparaban los shikaris, friamente, como viejos cazadores, lanzando sus balas cónicas en todas direcciones, porque el ataque se había vuelto envolvente, pero los terribles animales poseídos por el demonio de la venganza, no habían interrumpido su espantoso ataque. Tres veces pasaron a carrera desenfrenada alrededor del carro, siempre dejando atrás muertos o moribundos, porque Yanez y Kammamuri, viejos cazadores, jamás fallaban sus tiros.
Todavía eran cuarenta, y quizá incluso más, y todos de masa enorme. Su choque fue tan formidable que el carro, a pesar de su peso, y aun cuando tuviese las altas ruedas hundidas en el blando terreno de la floresta, retrocedió con un estruendo espantoso. Por un momento Yanez y sus compañeros tuvieron la sensación de una violentísima sacudida de terremoto y temieron que todo saltase por los aires, pero las grandes vigas, bien unidas por arpones de hierro, se mantuvieron firmes. Los búfalos, siempre más rabiosos, se ensañaban redoblando las cargas con una violencia quizá nunca vista. Algunos se habían partido los cuernos, otros habían permanecido como suspendidos y enseguida habían sido terminados con las largas pistolas indias, armas magníficas que valen mejor que todos los revólveres del nuevo y viejo mundo.

martes, 13 de octubre de 2020

I. El asesinato de un ministro


—Señor Yanez, si no me engaño, vienen, y tendremos una carga formidable, espantosa.
—¡Ah, bribón...! ¿Cuándo te decidirás a llamarme Alteza? ¿Cuando te haya hecho cortar la punta de la lengua por el verdugo de mi imperio?
—Nunca lo haría.
—Estoy más que convencido, mi bravo Kammamuri: para ti seré siempre el señor Yanez o el Tigre Blanco, como Sandokan para ti siempre será el Tigre de la Malasia.
—¡Dos grandes hombres, señor...!
—¡Que el diablo te lleve! Es cierto, algo hemos hecho en Malasia y en India, como para no dejar oxidar nuestras espléndidas carabinas inglesas.
—No, Alteza...
—Eh, Kammamuri, te prohibo darme este título cuando no estamos en la corte; y me parece, si no me he quedado ciego, que ahora nos encontramos en medio de una magnífica floresta, sin molestos ministros, grandes mariscales de no sé qué.
—Es una orden que ha instituido usted, señor Yanez.

miércoles, 7 de octubre de 2020

El brahmán de Assam

Primera edición (Florencia, 1911)
“Il bramino dell’Assam”, es la tercera novela que Salgari publica con el editor Bemporad de Florencia, luego de abandonar a su histórico editor genovés Antonio Donath. Se lanzó directamente en formato de libro en 1911, después del suicidio del autor el 25 de abril del mismo año.

Sin embargo, no se tienen registros contables de los pagos de esta novela por parte del editor a Salgari. En cambio, sí se registran los pagos regulares de la siguiente novela de la saga, “La caduta di un impero” (“La caída de un imperio”). Por lo que se sospecha que “Il bramino dell’Assam” se trata simplemente de la primera parte de dicha novela. Más teniendo en cuenta que normalmente las novelas de Bemporad tenían 24 o más capítulos y en este caso, cada una tiene solo 12 (para mantener la cantidad de páginas en la publicación, aumentaron el tamaño de los caracteres). Además, el argumento de “La caída de un imperio” continúa en el punto exacto donde termina “El brahmán de Assam”.

En “El brahmán de Assam”, Yanez, junto a Tremal-Naik y Kammamuri hacen frente a las intrigas palaciegas que intentan destronar a Surama. Esta vez, Sandokan y sus cachorros no son de la partida (habrá que esperar a la última novela).

jueves, 1 de octubre de 2020

The Hateful Eight

Este año, finalmente, pude terminar de completar y mejorar las traducciones de las anteriores novelas (quedaban pendientes la 5ta. y 6ta.).

Por lo tanto, ahora todas las novelas contienen más ilustraciones de las ediciones originales y referencias. Además de fechas y lapsos temporales ajustados, para darles mayor coherencia y correcciones de errores ortográficos.

Podría decir que son las versiones definitivas, aunque no descarto una nueva revisión más adelante.

Por otra parte, armé la edición e-book de Los misterios de la jungla negra e intenté publicarlo de forma gratuita en Google Play Books, sin éxito.

Google rechazó la publicación de acuerdo a la siguiente política:
"Multiple versions of the same book confuse our users and provide little distinguishing value. Due to its widespread duplication, books containing public domain material are no longer accepted, except from select partners. Please review the Publisher Content Policies for Google Play Books." (Múltiples versiones del mismo libro confunden a nuestros usuarios y proporcionan poco valor distintivo. Debido a su duplicación generalizada, los libros que contienen material de dominio público ya no son aceptados, excepto de socios seleccionados. Por favor, revise las Políticas de Contenido del Editor para Google Play Books.)
Me quejé al soporte de Google. Estuvimos un mes discutiendo el asunto, pero finalmente se negaron a publicarla.

El problema en sí es que las versiones en castellano de la novela disponibles en Google Play Books son las amputadas. Más allá de no tener ninguna referencia (contra las más de 300 referencias de mi traducción) y faltarle, no solo párrafos enteros, sino un capítulo completo, son de pago.

Ya encontraré algún otro servicio donde publicarlas. Paciencia.

Mirando hacia adelante, a partir de este mes, como los años anteriores, comenzará la publicación de la novena novela, pero esta vez, con una diferencia: En lugar de publicarla en 12 meses, mi intención es hacerlo en 6.

El motivo les va a quedar claro cuando lean la próxima entrada.

Por último, me pueden invitar un cafecito, a manera de colaboración, utilizando el botón que se encuentra a la derecha de la página.

Bueno, como vengo repitiendo una y otra vez desde hace ¿ocho años ya?, espero que lo disfruten, y ya saben: ¡Toda ayuda es bienvenida!