jueves, 1 de octubre de 2020

The Hateful Eight

Este año, finalmente, pude terminar de completar y mejorar las traducciones de las anteriores novelas (quedaban pendientes la 5ta. y 6ta.).

Por lo tanto, ahora todas las novelas contienen más ilustraciones de las ediciones originales y referencias. Además de fechas y lapsos temporales ajustados, para darles mayor coherencia y correcciones de errores ortográficos.

Podría decir que son las versiones definitivas, aunque no descarto una nueva revisión más adelante.

Por otra parte, armé la edición e-book de Los misterios de la jungla negra e intenté publicarlo de forma gratuita en Google Play Books, sin éxito.

Google rechazó la publicación de acuerdo a la siguiente política:
"Multiple versions of the same book confuse our users and provide little distinguishing value. Due to its widespread duplication, books containing public domain material are no longer accepted, except from select partners. Please review the Publisher Content Policies for Google Play Books." (Múltiples versiones del mismo libro confunden a nuestros usuarios y proporcionan poco valor distintivo. Debido a su duplicación generalizada, los libros que contienen material de dominio público ya no son aceptados, excepto de socios seleccionados. Por favor, revise las Políticas de Contenido del Editor para Google Play Books.)
Me quejé al soporte de Google. Estuvimos un mes discutiendo el asunto, pero finalmente se negaron a publicarla.

El problema en sí es que las versiones en castellano de la novela disponibles en Google Play Books son las amputadas. Más allá de no tener ninguna referencia (contra las más de 300 referencias de mi traducción) y faltarle, no solo párrafos enteros, sino un capítulo completo, son de pago.

Ya encontraré algún otro servicio donde publicarlas. Paciencia.

Mirando hacia adelante, a partir de este mes, como los años anteriores, comenzará la publicación de la novena novela, pero esta vez, con una diferencia: En lugar de publicarla en 12 meses, mi intención es hacerlo en 6.

El motivo les va a quedar claro cuando lean la próxima entrada.

Por último, me pueden invitar un cafecito, a manera de colaboración, utilizando el botón que se encuentra a la derecha de la página.

Bueno, como vengo repitiendo una y otra vez desde hace ¿ocho años ya?, espero que lo disfruten, y ya saben: ¡Toda ayuda es bienvenida!

miércoles, 16 de septiembre de 2020

XXIV. La reconquista del escollo


En la ciudad la lucha, se podría decir, había casi terminado, porque los fuertes hijos de la India habían debido ceder ante los incesantes choques de las bandas del rajá del lago bajadas de las Montañas de Cristal.
Solo en los barrios malayos se batallaba todavía y se saqueaba, porque los chinos todavía no habían dejado de arremeter contra los odiados súbditos del Sultán, sus implacables enemigos.
Sandokan y Tremal-Naik, a la cabeza de sus bandas siempre victoriosas, comprendiendo que el momento terrible se acercaba, acudían guiados por el jefe del barrio chino y por Kammamuri que lo habían encontrado, para salvar a Yanez que estaba por pasar un mal cuarto de hora.
La flotilla, es verdad, acudía también con gran furia, habiendo divisado ya al yacht y al pequeño prao de Padar, encerrados contra un malecón por toda aquella multitud de veleros; que no podían oponer ninguna resistencia.

viernes, 4 de septiembre de 2020

XXIII. En la bahía


Dos días después el junco más desquiciado que nunca y casi lleno de agua, después de haber atravesado varios pantanos, llegaba imprevistamente a la bahía de Varani, hundiendo las anclas a una notable distancia de la costa.
Aún cuando los rajputs los hubiesen dejado descender tranquilamente el río, quizá porque estuvieran muy fuertemente presionados por las bandas de Sandokan y Tremal-Naik, Yanez quería estar seguro de sus asuntos, antes de desembarcar y de caer en las manos de los holandeses y los ingleses, cuyas cañoneras se divisaban en la salida de la bahía.
Fue con un gran suspiro de alivio que vio a su valeroso yacht todavía intacto, con el pequeño prao siempre a popa, listo para recomenzar la batalla.
La ciudad parecía tranquila; en cambio, en los pantanos las espingardas retumbaban siempre y fuegos altísimos se alzaban, anunciando el incendio de las kotas de la capital.

lunes, 24 de agosto de 2020

XXII. Al asalto de Varani


El espectáculo que presentaba aquel frente de paquidermos era aterrador.
Los monstruosos animales, invadidos por la ira, también se habían arrojado de a dos, de a cuatro, en pequeños grupos contra el velero, hundiéndolo en varios lugares.
La masa por otra parte, había resistido al gran golpe y solo el timón, por otra parte completamente inútil, se había ido, llevado por un tremendo golpe de probóscide.
Desgraciadamente los animales, que parecía hubiesen jurado la destrucción del armazón, de pronto habían conseguido montar al banco que sostenía el casco.
Una salva de barritos impresionantes saludó a aquel primer éxito, luego los colosos retomaron su trabajo de destrucción, arrojándose como catapultas.
—Amigos —gritó Yanez, que jamás había visto a la muerte tan cerca—, manténganse firmes, o aquellas bestias malignas nos mandarán a ahogarnos en el río. Estos son peores que los rajputs del Sultán.

martes, 11 de agosto de 2020

XXI. Una batalla de gigantes


La batalla había comenzado furiosísima entre los tigres malayos y los tigres indios, ansiosos por probar su legendario valor.
Las bandas del Tigre de la Malasia se habían encauzado en un ancho barranco, después de haber colocado media docena de espingardas en el margen de una colina.
Un alarido tremendo, impresionante, había hecho eco en las montañas: los tigres, más o menos humanos, competían para probar ante todo la fuerza de sus pulmones, creyendo espantarse unos a otros.
—¡Mompracem! ¡Mompracem!
—¡Varani! ¡Varani!
Luego siguieron descargas de fusiles, mosquetes y espingardas.

martes, 28 de julio de 2020

XX. Tigres indios y tigres malayos


Lamentablemente el desgraciado portugués, cuando ya se creía a salvo, había sido estrechamente asediado por los rajputs, que se encontraban en buen número, porque a ellos se habían unido varios batidores.
La fuga nocturna, que Yanez había planeado con Kammamuri, había fallado, a causa del fuego intensísimo de los enemigos.
Durante cuarenta y ocho horas no habían podido dar un paso y ni siquiera tener una comida, porque la roca era o parecía muy árida.
Muy inquietos, enfadados, giraban alrededor del campamento disparando de vez en cuando algunos tiros contra los rajputs para mantenerlos lejos.
Mientras tanto, el hambre los atormentaba terriblemente. Incluso el Sultán, habituado a tomar sus comidas regularmente, no había cesado de aullar para tener el desayuno y la cena.
—Señor Yanez —dijo Kammamuri, después de algunas descargas de los rajputs que por poco no habían golpeado a la bella holandesa—. Es imposible resistir.
—Lo sé, mi querido —respondió el portugués, que se arrastraba entre las rocas, como si buscase algo—, no siempre se puede tener suerte.
—¿Cree que Mati haya conseguido alcanzar a Sandokan?

miércoles, 15 de julio de 2020

XIX. Las bandas del Tigre


La luna, una luna magnífica, que aclaraba las florestas como en pleno día, rozaba los altísimos árboles de las Montañas de Cristal, cuando una pequeña banda de hombres aparecía en el fondo de un barranco que conducía al estanque de Sirdar.
No eran más de cincuenta, pero su aspecto era todo menos tranquilizador.
Había malayos y dayak del interior, los famosos cazadores de cabezas, todos armados de fusiles y sables espantosos, que solamente con verlos, hacían helar la sangre en las venas.
Además algunos llevaban sobre sus robustos hombros largos caños que no eran otros que espingardas.
Parecía que otros hombres estuvieran atravesando más a lo alto los pasos de las montañas, porque el silencio de la noche era interrumpido de vez en cuando por un lejano rodamiento de rocas.

jueves, 2 de julio de 2020

XVIII. El asalto de los rajputs


Aunque John Foster había caído para no levantarse nunca más, el peligro no había cesado, porque los paquidermos sobrevivientes corrían desenfrenadamente a través de la maleza, para alcanzar a los cazadores.
Yanez, habiendo formado el pelotón, con la bella holandesa en el centro, se había dirigido solícitamente hacia el margen de la gran floresta, para repararse bajo las plantas de alto fuste.
De vez en cuando, aunque retirándose rápidamente, disparaban algún tiro intentando cazar a aquellas obstinadas grandes bestias que parecían haber jurado la pérdida de aquel grupo de personas.

lunes, 22 de junio de 2020

XVII. Un trágico duelo


Un haz de luz rosado, de una infinita dulzura, había invadido la floresta que se extendía alrededor del inmenso campamento, cuando el primer pelotón de cazadores se puso en marcha para hacer una visita al lecho del elefante.
Estaba compuesto por el portugués, Kammamuri, la bella holandesa, el jefe de los shikaris y el Sultán.
Ya los batidores en gran número habían abierto sus filas cercando un gran trecho de floresta, donde suponían se encontraba el terrible solitario.
Un elefante solitario está siempre de pésimo humor. Echado, no se sabe bien por qué motivos, de su tribu va de floresta en floresta no soñando sino con estragos.
Sigue a distancia a sus compañeros por un tiempo, soñando quizá con los juegos que jugaban juntos, luego se refugia en un floresta densísima, donde prepara su lecho.
¡Ay entonces de quién se le acerque! Carga a lo loco, incluso contra legiones de cazadores y, si cae, no muere impune.

miércoles, 3 de junio de 2020

XVI. El lecho del elefante


Aún cuando en la isla de Borneo sean más bien escasos los elefantes y abunden en cambio en modo extraordinario los carnívoros, la batida organizada por el séquito del Sultán había obtenido resultados grandiosos.
Un gran pelotón de elefantes, que descendía de las Montañas de Cristal, había sido sorprendido a tiempo, un poco antes de la cacería a las panteras, y los pobres paquidermos, espantados por los disparos, y por las bolas de cáñamo embebidas en resina, se habían dirigido poco a poco hacia la emboscada previamente preparada, en plena floresta.
Para emprender semejantes cacerías se necesitan muchas personas y mucho espacio, porque se trata de encerrar a las malaventuradas bestias dentro de una enorme jaula formada por dos filas de palos no más altas que un hombre.