viernes, 12 de octubre de 2018

I. El asalto a la kota


Un relámpago enceguecedor que mostró por algunos momentos las nubes tempestuosas empujadas por un viento fuertísimo, iluminó la bahía de Marudu, una de las más amplias ensenadas que se abren en la costa septentrional de Borneo, más allá del Canal de Banggi. Siguió un trueno espantoso que duró varios segundos y que pareció el estallido de una veintena de cañones.
Los altísimos “pombo” de enormes cítricos, las espléndidas arengas sacchariferas, los “upas” de jugo venenoso, las gigantescas hojas de los bananos y de las palmas dentadas se plegaron, luego se retorcieron furiosamente bajo una ráfaga terrible que se adentró, con ímpetu irresistible, bajo las inmensas florestas.
La noche había caído ya desde hacía varias horas, una noche oscurísima, sin estrellas y sin luna, y que solamente los relámpagos de vez en cuando, a intervalos larguísimos, iluminaba.

viernes, 5 de octubre de 2018

Sandokan al rescate

Primera edición (Florencia, 1907)
“Sandokan alla riscossa”, es la primera novela que Salgari publica con el editor Bemporad de Florencia, luego de abandonar a su histórico editor genovés Antonio Donath. Se lanzó directamente en formato de libro en septiembre de 1907 y se la considera como la última novela de Sandokan escrita enteramente por Salgari.

El título en castellano con el que se conoce a esta obra es “La venganza de Sandokán”. Sin embargo opté por una traducción de la palabra “riscossa” que mantenga la forma del título y no pierda el significado original. En este caso, la primera acepción de la palabra “rescate”, en el diccionario de la RAE es: “recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido, y, por extensión, cualquier cosa que pasó a mano ajena”.

En “Sandokan al rescate”, éste vuelve a su tierra, la isla de Borneo, para intentar recuperar el reino que los invasores europeos le arrebataron a su padre. Son de la partida Yanez, Tremal-Naik, Kammamuri y sus últimos, y ya viejos, cachorros de Mompracem.

lunes, 1 de octubre de 2018

Seis para triunfar

A pesar de que la sexta novela fue la más larga, pude cumplir bastante bien con el cronograma. Me retrasé en algún momento con algunos capítulos, pero pude encarrilarme en la recta final. Espero que hayan notado una mejoría en las traducciones, estoy intentando no ser tan tan literal.

Supuestamente esta séptima novela sería la última que escribió Salgari por su cuenta. Hay expertos que sospechan que para la octava recibió ayuda y que directamente las 3 últimas no salieron de su pluma.

La edición e-book de todo lo publicado sigue siendo un proyecto inconcluso, pero no abandonado. No prometo nada, porque es un trabajo que requiere bastante tiempo para que quede bien. No es cuestión de copiar y pegar, sino de hacer algo prolijo y que se adapte lo mejor posible a los e-readers. Igualmente, el blog se puede leer bien en celulares y tablets.

Lo mismo los ajustes de las primeras novelas, siguen pendientes, aunque hice algunos retoques de las palabras que fui encontrando.

Bueno, como vengo diciendo desde hace ¿seis años ya?, espero que lo disfruten, y ya saben: ¡Toda ayuda es bienvenida!

miércoles, 19 de septiembre de 2018

XXX. El asalto a Gauhati


A las dos de la mañana la flotilla, siempre en buen orden, llegaba inadvertida junto al islote en el cual se elevaba la pagoda de Karia, arrojando las anclas en proximidad del templo subterráneo, que había servido de refugio a Sandokan y a sus malayos y dayak.
Parecía que nadie se hubiese percatado del arribo de aquella pequeña escuadra, que se preparaba para dar un formidable ataque a la capital del Assam.
Sandokan había ya comunicado a todos los jefes sus órdenes. Por otra parte no se trataba mas que de sorprender a los guardias que velaban delante de la puerta del bastión de Saraighat, que era el más próximo, y de moverse rápidamente hacia el palacio real, aterrorizando a la población con descargas furiosas.

martes, 11 de septiembre de 2018

XXIX. En el Brahmaputra


Aquella noche ciertamente nadie durmió tranquilo en Sadiya.
El “tumburà”, aquel enorme y espléndido tambor, rico en doraduras y pinturas, lazos y penachos de plumas de pavos reales, que los indios utilizan sólo en grandes circunstancias, no cesó un solo instante de redoblar ruidosamente en la plaza de la ciudadela.
De todas las aldeas instaladas en las pendientes, o sobre las cimas de las vecinas montañas o en los profundos desfiladeros, se respondía con golpes de “hula”, otros tambores, de dimensiones inferiores al “tumburà”, pero que sin embargo se oyen igualmente a increíbles distancias, o se respondía con agudos sonidos de trompetas de cobre y con descargas de fusiles.

viernes, 31 de agosto de 2018

XXVIII. Los montañeses de Sadiya


La noche era espléndida y fresca, comenzando a hacerse sentir los fuertes aires de las no lejanas montañas, que se delineaban majestuosamente hacia el septentrión, primeros contrafuertes de la imponente cordillera del Himalaya.
La luna resplandecía en un cielo purísimo, despejado de toda nube, entre miríadas de estrellas que florecían sin pausa, haciendo proyectar, a los altísimos y densos matorrales de bambú, sombras larguísimas.
Un silencio profundo, roto sólo de vez en cuando por el alarido monótono y triste de algún chacal hambriento o por el chillido agudo de algún “flying fox” (zorro volador), reinaba sobre la inmensa llanura.
Parecía que ni los tigres, ni las panteras, ni las serpientes, animales que viven en gran número en las junglas indias, hubiesen aún dejado sus cuevas, para ponerse a cazar.

martes, 21 de agosto de 2018

XXVII. La carga de los jangli khulga


Unos minutos después la pequeña columna reanudaba la interminable retirada a través de las junglas, retirada que se asemejaba, en cierto modo, a aquella famosa cumplida a través del Bundelkund por Tantia Topi, el célebre generalísimo de los insurrectos indios de 1857, que por un año entero, junto a la bellísima Rani de Jhansi, tuvo en jaque a tres cuerpos de ingleses.
Los elefantes avanzaban siempre prudentemente, tanteando antes el barro para asegurarse de la solidez del subsuelo y aspirando el agua, que se filtraba por los agujeros abiertos por sus patonas.
El elefante piloto, que ya se había calmado, tenía siempre la cabeza alta e indicaba a los compañeros, con sordos barritos, el camino a seguir.
El instinto de aquel animal, el más grande de los cinco, era absolutamente maravilloso, porque sabía escoger, incluso a primera vista, el lugar por donde podía avanzar más rápidamente.
De los asameses no se divisaba ningún rastro, sin embargo Sandokan y Tremal-Naik estaban más que seguros de que no habrían renunciado a la persecución.
La marcha continuaba, siempre lentísima, poniendo a dura prueba los músculos de los paquidermos.

martes, 7 de agosto de 2018

XXVI. Entre el fuego y el plomo


¿Qué había descubierto? Él sólo lo sabía y si tal hombre había pronunciado aquellas palabras, quería decir que estaba seguro del éxito de su plan.
Sambigliong había dicho la verdad anunciando la presencia de los “kalam”, aquellas hierbas altas y durísimas, rígidas como cuchillas. En efecto apenas la columna hubo atravesado el último matorral, cayó en medio de un vastísimo claro, todo erizado de aquellas peligrosas plantas. No faltaban no obstante, aquí y allá, grupos de arbustos que tenían extensiones poco comunes.
La vanguardia fue redoblada y retomó su ardua maniobra, dando sablazos a las hierbas para abrir paso a los compañeros, que corrían el peligro de estropearse las piernas y los pies.
Y mientras tanto la oscuridad comenzaba a desaparecer. Las estrellas palidecían rápidamente, a oriente la luz comenzaba a hacer su aparición propagándose por el cielo, la jungla continuaba extendiéndose como si jamás terminara.

lunes, 23 de julio de 2018

XXV. La retirada del Tigre de la Malasia


Aún cuando el golpe, que no se esperaban por cierto, hubiese sido terrible, Sandokan y Tremal-Naik no habían tardado en recobrar su sangre fría. Eran hombres demasiado bien templados, como para permanecer por largo bajo la impresión de un desastre, por muy grave que fuese.
Después de haber advertido a Surama de lo que había sucedido y de haberla tranquilizado, reunieron fuera de la pagoda a todos sus hombres para concentrarse en qué hacer.
De aquel consejo no brotó mas que una sola idea, compartida por todos. Salvar lo más pronto que fuese posible a Yanez, antes de intentar el choque supremo que debía atropellar al “rajá” y privarlo de la corona.
Desgraciadamente un gravísimo peligro los amenazaba, peligro que no estaban muy seguros de poder evitar. Bindar, después de haber anunciado la captura del portugués, había también traído la noticia de que su refugio había sido descubierto y que las tropas del “rajá” se preparaban para rodear la jungla. Era por consiguiente necesario, ante todo, escapar de aquel peligroso cerco.

jueves, 12 de julio de 2018

XXIV. La rendición de Yanez


El elefante, derribado el obstáculo, se había apresuradamente alejado una veintena de pasos, luego se había volteado presentando a los asediados su formidable trompa, que estrechaba en la extremidad una maciza barra de hierro.
Sentado entre las dos orejas estaba su “cornac”, armado con el gancho a fin de empujarlo al ataque.
Detrás y a los flancos se habían reunido treinta o cuarenta “sijes”; no obstante otros debían encontrarse en el patio a juzgar por los gritos y por los comandos que se oían.
La puerta era tan amplia que el elefante podía entrar sin esfuerzo a la sala, la cual, quizá en otros tiempos, había servido de cuadra para aquellos colosales paquidermos.
Antes de que el gran animal subiese al primer escalón, una veintena de “sijes” se arrojaron adelante, disparando a lo loco entre los divanes y las sillas, con la esperanza de hacer descargar las carabinas de los asediados; estos no obstante, que estaban bien reparados de las balas de los adversarios, se cuidaron bien de caer en la trampa.
No recibiendo respuesta, los “sijes”, después de haber consumido sin ningún resultado un centenar de cartuchos, dejaron el paso al paquidermo, el cual avanzó valientemente obstruyendo, con su cuerpazo, toda la puerta.
Era el momento esperado por Yanez.