viernes, 11 de enero de 2019

VIII. La caza al mawas


La barcaza en efecto se hundía, si no rápidamente, al menos continuamente.
Amenazaba de un instante al otro con volcarse sobre estribor, hacia el cual gravitaban los largos cuerpos de los saurios fulminados por las terribles descargas de los cuatro valientes aventureros.
Yanez había sido el primero en saltar sobre la toldilla, sobre la cual ya se encontraba al menos un pie de agua, y había sido rápido como para apoderarse de la caja llena de municiones, puesta encima del cabrestante de proa.
Los otros no habían tardado en seguirlo.
—¿No se hunde todavía entonces? —preguntó Yanez—. Es una barcaza verdaderamente maravillosa.
—¡Si el agua continúa subiendo! —dijo Tremal-Naik.
—Muy lentamente no obstante —dijo Sandokan—. Los toneles todavía no se han desmoronado, por lo que parece.
—Pero descendamos —dijo Kammamuri—. Las amuras ya beben.
—No estamos mas que a quince metros de la orilla —respondió Yanez—. ¿Tienes miedo tú de atravesar un riacho?
—Si estuviésemos en otro lado, no lo llamarías así, Yanez.
—¿No me llamas más “rajá” entonces, bribón? ¡Soy el príncipe consorte de la “rani” del Assam...!
Un estrépito de risa siguió a la respuesta.

lunes, 31 de diciembre de 2018

VII. El asalto de los gaviales


La batalla aumentaba de veras y amenazaba también con terminar no demasiado bien para los tigres de Mompracem y para los asameses que Yanez había conducido desde la India.
El ataque de los dayak, acertadísimo, contra aquellos leños que en vano habían intentado abordar en la bahía de Kudat, continuaba con un empeño feroz por parte de los isleños, los cuales parecían resueltos a vengarse de la derrota sufrida.
Los troncos continuaban descendiendo, chocando no sólo la barcaza, sino también los “praos”, cuyas cuadernas no podían ofrecer gran resistencia.
Centenares de hombres, protegidos por la oscuridad, los empujaban, intentando desfondar los flancos de los pequeños navíos, y no pensaban solamente en destruirlos, porque disparaban de vez en cuando no pocos tiros de arcabuz y descargaban gran número de dardos.
Los malayos y los indios, habiendo ya comprendido que la barcaza corría peligro de hundirse, habían cortado los remolques; y puesto que el viento faltaba absolutamente, iban a la deriva, defendiéndose ferozmente.

viernes, 14 de diciembre de 2018

VI. Los misterios de las florestas


Hacia el ocaso del día siguiente, la barcaza a vapor regresaba a la bahía de Marudu, llevando a Sandokan, Yanez, Tremal-Naik, Kammamuri y quince malayos.
Fue para todos un golpe fulminante enterarse que el “yacht” había saltado por el aire junto con Nasumbata, el “khidmatgar” y los dos malayos de guardia, porque no podían exactamente saber cómo habían ido las cosas.
Los cuatro hombres, después de haber interrogado a malayos e indios, se habían reunido en la playa, mirando hacia el lugar que veinticuatro horas antes el “yacht” ocupaba.
—Vamos, Yanez —dijo Sandokan, el cual aparecía un poco preocupado—. ¿Qué dices de este inesperado desastre?
—¡Por Júpiter...! —exclamó el portugués, el cual no parecía menos impresionado ni menos sorprendido—. Yo me preguntaba en este momento si tú estás verdaderamente seguro de tus hombres.
—Cuando tú estabas con los cachorros de Mompracem, ¿alguna vez te has percatado de que pudiese haber traidores?
—Pero, hermanito. Tú, para ellos, has sido siempre una especie de semidiós.

jueves, 29 de noviembre de 2018

V. Un muerto que resucita


La barcaza había partido hacía pocos minutos, cuando Sidar, el mayordomo de Yanez, después de haber ordenado a la tripulación del “yacht” descender a tierra para emprender la construcción de otras cabañas, descendió al castillo de popa.
Una extraña llama brillaba en los ojos del indio, mientras que su rostro transparentaba una profunda preocupación.
Se detuvo un momento en el salón, bebió una copita de licor que había quedado aún en la botella, luego abrió la puerta de uno de los camarotes laterales, mandando un silbido agudo semejante a aquel que lanza la “cobra de anteojos”, la terrible serpiente de las junglas indias, cuando está en cólera.
Un silbido igual, que parecía provenir de debajo del piso, le respondió enseguida.
—No duerme —murmuró Sidar—. Entonces debe haber escuchado todo. Eso me ahorrará una explicación de más.

jueves, 15 de noviembre de 2018

IV. La traición del khidmatgar


Nasumbata estuvo un momento ensimismado, quizá todavía un poco dubitativo entre el hablar claro o intentar algún nuevo engaño, luego se decidió finalmente, temiendo que Kammamuri pusiese en efecto la amenaza hecha.
—Ya que estoy completamente en su poder —dijo finalmente—, seré franco, con la condición de que me prometas salvar la vida.
—Tú corres demasiado, mi querido —dijo el tigre de la Malasia—. Tú podrás obtener cuanto nos pidas, solamente cuando tengamos la prueba de que no nos has engañado. Y ahora saca todo lo que escondes en tu bolsillo.
—Cuando les dije que jamás había conocido al “rajá” blanco del lago, yo he mentido —retomó Nasumbata.
—Me lo había imaginado —dijo Sandokan—. ¿Cuándo lo has visto?
—Hace cinco meses.
—¿Dónde?
—En la orilla del lago.
—¿Está ya viejo?

martes, 6 de noviembre de 2018

III. El regreso a la costa


La batalla había durado más de una hora, con notables pérdidas por ambas partes y mucho derroche de municiones.
Quien no obstante había tenido la peor parte, había sido la flotilla de los dayak, la cual había perdido dos leños y tenía otros cuatro o cinco completamente arruinados.
También muchos piratas habían caído, y muchos cuerpos humanos se veían flotar alrededor de los pecios, en espera de que los tiburones, siempre numerosísimos en las aguas de la Malasia, fuesen a devorarlos.
Mientras los cachorros de Mompracem se apresuraban a arrojar al agua a sus muertos y a curar a sus heridos, Sandokan se había izado rápidamente sobre la toldilla del “yacht”, donde Yanez y Tremal-Naik lo esperaban ansiosamente.
Los tres formidables hombres, que tantas audacísimas empresas habían realizado juntos en el Borneo y en la India, se abrazaron afectuosamente.
—No creí volver a verlos tan pronto, mis queridos amigos —dijo el Tigre de la Malasia.
—Y nosotros no esperábamos encontrarte aquí —respondió Yanez—. ¿Han escuchado entonces nuestros cañonazos?
—Había sido advertido hacia la medianoche que aquí se hacía fuego. ¿Tanto entonces ha durado el ataque?

lunes, 29 de octubre de 2018

II. Los piratas dayak


La cabaña del jefe de la “kota” se elevaba sobre la plaza, completamente aislada de las otras, y no difería mas que por su amplitud y por su altura. Como todas las moradas de los pueblos salvajes, tenía forma cónica y estaba formada por ramas más o menos estrechamente entrecruzadas y cubierta de hojas de bananos y de palma, dispuestas en estratos a modo de impedir a la lluvia el paso.
El interior consistía en una sola estancia circular, con el piso cubierto de bellas esteras pintadas burdamente.
El mobiliario era simplísimo: jarros de terracota, caparazones de tortugas marinas y dos lechos formados por estratos de hojas.
Había no obstante una especie de palco, apoyado contra la pared, bien provisto de cráneos humanos, el museo de la tribu.

viernes, 12 de octubre de 2018

I. El asalto a la kota


Un relámpago enceguecedor que mostró por algunos momentos las nubes tempestuosas empujadas por un viento fuertísimo, iluminó la bahía de Marudu, una de las más amplias ensenadas que se abren en la costa septentrional de Borneo, más allá del Canal de Banggi. Siguió un trueno espantoso que duró varios segundos y que pareció el estallido de una veintena de cañones.
Los altísimos “pombo” de enormes cítricos, las espléndidas arengas sacchariferas, los “upas” de jugo venenoso, las gigantescas hojas de los bananos y de las palmas dentadas se plegaron, luego se retorcieron furiosamente bajo una ráfaga terrible que se adentró, con ímpetu irresistible, bajo las inmensas florestas.
La noche había caído ya desde hacía varias horas, una noche oscurísima, sin estrellas y sin luna, y que solamente los relámpagos de vez en cuando, a intervalos larguísimos, iluminaba.

viernes, 5 de octubre de 2018

Sandokan al rescate

Primera edición (Florencia, 1907)
“Sandokan alla riscossa”, es la primera novela que Salgari publica con el editor Bemporad de Florencia, luego de abandonar a su histórico editor genovés Antonio Donath. Se lanzó directamente en formato de libro en septiembre de 1907 y se la considera como la última novela de Sandokan escrita enteramente por Salgari.

El título en castellano con el que se conoce a esta obra es “La venganza de Sandokán”. Sin embargo opté por una traducción de la palabra “riscossa” que mantenga la forma del título y no pierda el significado original. En este caso, la primera acepción de la palabra “rescate”, en el diccionario de la RAE es: “recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido, y, por extensión, cualquier cosa que pasó a mano ajena”.

En “Sandokan al rescate”, éste vuelve a su tierra, la isla de Borneo, para intentar recuperar el reino que los invasores europeos le arrebataron a su padre. Son de la partida Yanez, Tremal-Naik, Kammamuri y sus últimos, y ya viejos, cachorros de Mompracem.

lunes, 1 de octubre de 2018

Seis para triunfar

A pesar de que la sexta novela fue la más larga, pude cumplir bastante bien con el cronograma. Me retrasé en algún momento con algunos capítulos, pero pude encarrilarme en la recta final. Espero que hayan notado una mejoría en las traducciones, estoy intentando no ser tan tan literal.

Supuestamente esta séptima novela sería la última que escribió Salgari por su cuenta. Hay expertos que sospechan que para la octava recibió ayuda y que directamente las 3 últimas no salieron de su pluma.

La edición e-book de todo lo publicado sigue siendo un proyecto inconcluso, pero no abandonado. No prometo nada, porque es un trabajo que requiere bastante tiempo para que quede bien. No es cuestión de copiar y pegar, sino de hacer algo prolijo y que se adapte lo mejor posible a los e-readers. Igualmente, el blog se puede leer bien en celulares y tablets.

Lo mismo los ajustes de las primeras novelas, siguen pendientes, aunque hice algunos retoques de las palabras que fui encontrando.

Bueno, como vengo diciendo desde hace ¿seis años ya?, espero que lo disfruten, y ya saben: ¡Toda ayuda es bienvenida!