
No, los últimos tigres de Mompracem no estaban vencidos aún, no obstante podían estarlo bien pronto, no sabiendo más donde abastecerse del combustible tan necesario para ellos, tanto y quizá más que la pólvora para disparar.
El carbón disminuía a vista de ojo y los pozos estaban casi vacíos y ninguna esperanza se ofrecía para encontrar alguna nave. Era necesario tomar una decisión suprema, y enseguida fue tomada por Sandokan y Yanez, acordada con Tremal-Naik y con el ingeniero norteamericano.
Fue deliberado alcanzar sin demora la isla de Gaya, donde se habían reunido los praos en espera del fin de la guerra, no es que allí esperasen encontrar el combustible, pero para tener al menos, en el momento supremo, el apoyo de aquellos veleros y al mismo tiempo para enviar a algunos a Brunéi para cargarlos.
Tratándose de pequeños leños mercantes, que podían enarbolar cualquier bandera, nadie podría poner obstáculos si pidiesen embarcar carbón.


















