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viernes, 17 de septiembre de 2021

XII. El arribo de los piratas de la Malasia


El cazador de ratas, como hombre prudente, había recogido todas las antorchas que resisten el viento que había podido encontrar en la casamata del bastión y las había distribuido a los montañeses con la orden de no encenderlas sin su orden.
Poseían más de una veintena, por consiguiente la luz, por cierto tiempo, estaba asegurada.
—Alteza —dijo el baniano a Yanez—. Péguese a mí. Que el sahib moreno haga otro tanto y así también los montañeses. Este no es el momento de iluminar el camino. Podríamos traicionarnos.
—¿Y si caemos en el río negro? —preguntó el portugués, que se estremecía de solo pensarlo.
—Confíe en mí: veo como si tuviera ojos de rata.
—Sé que has habitado muchísimos años esta espléndida y apestosa ciudad y que debes estar habituado a ver incluso sin linternas.
—No dice mal, Alteza, de esta ciudad que ahora vale más que la que está sobre nuestras cabezas.
—Te creo: arde todo.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

XI. La capital en llamas


Yanez se engañaba.
Apenas se había retirado a una vieja casamata semihundida, donde el cazador de ratas y el fidelísimo rajput habían improvisado lo mejor posible una mesa, trayendo un cuarto de cebú humeante y muchas botellas de cerveza, cuando la artillería de Sindhia recomenzó a tronar con un crescendo un poco inquietante.
Sus artilleros disparaban peor que reclutas con treinta días de instrucción, sin embargo las balas comenzaban a caer en abundancia también sobre el bastión, abatiendo, de vez en cuando, alguna almena. La mayor parte se enterraba en los taludes, y no tratándose de bombas, se dormían enseguida después de haber lanzado al aire parches de césped.
Yanez enseguida había brincado fuera, dejando el asado, que por otra parte no le interesaba mucho, no habiendo sido nunca un comedor, y a riesgo de hacerse partir en dos por algún proyectil, se había puesto a observar atentamente las bandas que hacían frente, a sólo mil quinientos metros del gran bastión.

jueves, 19 de agosto de 2021

X. El atentado


Habían transcurrido cinco días durante los cuales Yanez, Tremal-Naik y los montañeses de Sadiya, vencidos sí, bajo los muros de Goalpara por las poderosas fuerzas de Sindhia, pero no completamente derrotados, no habían perdido el tiempo.
Habían cortado todos los puentes, preparado minas, dispuesto en los puntos más débiles la artillería, unas sesenta pequeñas piezas, y habían acumulado inmensas pilas de leña para dar fuego a la ciudad en caso de que la defensa se volviera absolutamente imposible.
No había más habitantes. Al anuncio de que Sindhia se acercaba, todos habían huido, temiendo sus venganzas. No habían quedado mas que unos pocos perros sarnosos y pelados, casi muertos de hambre.
Yanez, que todavía tenía una veintena de caballos, había lanzado varios hombres en dirección de Goalpara para tener noticias de su formidable adversario, pero tan solo al sexto día los exploradores le trajeron las malas nuevas de que las hordas avanzaban compactas, saqueando todas las aldeas que encontraban en su camino, para luego incendiarlas sin misericordia.

viernes, 6 de agosto de 2021

IX. Los estragos de Goalpara


Como habíamos dicho, justo en aquel momento entraba en la estación, con un estruendo infernal, otro tren proveniente de las regiones septentrionales, de modo que nadie había oído los barritos del elefante.
El cornac, contento por habérsela dado a la policía, odiada especialmente en India porque era más prepotente que en cualquier otro país, no cesaba de azuzar a la gran bestia, que devoraba el espacio atravesando campiñas algo enjutas que no podía dañar.
Cantaban los grandes grillos, chillaban como ruedas mal engrasadas las ranas de los arrozales, volaban a lo alto, en batallones, zorros voladores, pero de los policemen, ningún grito que intimase imperiosamente la parada.
—Cornac —dijo Kammamuri—. ¿Cuándo llegaremos a la frontera?
—Hacia el mediodía de mañana, mi príncipe.

martes, 27 de julio de 2021

VIII. Los cigarros del brahmán


Rangpur es una de las ciudades más importantes de Bengala septentrional, bastante poblada ya sea por ingleses como por indostanos y que tiene un tráfico extraordinario, especialmente con Assam que se encuentra a no mucha distancia.
Tiene barrios que parecen europeos, atravesados por calles anchas y bien sombreadas, pero es una ciudad india, rica en pagodas y monumentos antiguos de dimensiones gigantescas. Hay palacetes y bungalows, como hay muchas y muchas cabañas que forman una pequeña ciudad negra similar a la de Calcuta.
El tren debía detenerse cinco horas para esperar a los que debían descender de las regiones septentrionales, por consiguiente los viajeros tenían todo el tiempo necesario como para desayunar y también visitar la ciudad.
Kammamuri, habiendo saldado la cuenta con el cocinero del coche restaurante, bastante salada aún cuando no hubiese hecho mas que consumo de huevos, cerveza y cigarros, dejó el tren seguido por Timul y por el policeman que caminaba más erguido que nunca, quizá pensando en las cien rupias prometidas.
Alquiló uno de los tantos mail-cart que se encontraban fuera de la estación y se hizo conducir a lo de un conocido criador de elefantes, escogiendo un bellísimo merghee de talla imponente, trompa bastante larga, patas altas, bastante menos robusto que los koomareah, aunque mucho más veloz.

martes, 13 de julio de 2021

VII. El policía


La noche era oscura, también porque la mayor parte de las lámparas habían sido bajadas mucho o apagadas completamente. Faltaban las estrellas y también la luna, habiendo en lo alto muchos vapores emanados de las grandes junglas siempre ricas en humedad.
Los dos indios atravesaron el primer balconcillo y pasaron al segundo, luego al tercero. Estaban por saltar al cuarto, cuando un cipayo cayó casi delante de ellos, habiendo dado el salto en sentido inverso.
—¡Es él...! —había dicho de pronto Timul.
Kammamuri, sin perder un instante, lo aferró estrechamente por el cuello impidiéndole mandar algún grito, luego cuando creyó haberlo estrangulado bastante, se lo arrojó sobre los hombros y, ayudado por el joven buscador de pistas, rehizo el camino recorrido refugiándose en su compartimento.
Nadie lo había visto, porque todos los viajeros descansaban y el personal de abordo también, confiando en la habilidad del maquinista y del fogonero, por consiguiente no había que temer ninguna sorpresa.

viernes, 25 de junio de 2021

VI. El mestizo


El maratí ya había estado varias veces en la reina de Bengala con Tremal-Naik, con Yanez y con Sandokan, por consiguiente, la ciudad no le era desconocida.
Su primera diligencia fue correr a la oficina de telégrafos para advertir al Tigre de la Malasia de lo que estaba desarrollándose en Assam, luego fue a un banco para hacerse descontar un cheque de diez mil rupias y finalmente, bastante cansado, tomó alojamiento con su compañero en uno de los mejores hoteles de la Strand, calle breve, casi sin árboles, sin embargo frecuentada, especialmente hacia el ocaso, por todos los ricos ingleses y por los príncipes indios con fastuosas tripulaciones.
—Finalmente podemos permitirnos el lujo de una buena cena —dijo Kammamuri—. Nuestros negocios han terminado. Apenas recibamos el telegrama del Tigre de la Malasia haremos nuestras valijas, que por ahora no tenemos y regresaremos cuanto antes a la capital. Estoy bastante inquieto. ¿Qué sucederá allá arriba? ¿Aquel perro de Sindhia ya habrá desencadenado la insurrección? ¡Ah...! Si el maharajá hubiese pensado antes en los cachorros de Mompracem quizá las cosas habrían ido de otra manera.
—Entonces, ¿tan terribles son estos hombres? —preguntó Timul.
—Sin ellos la rani no habría expulsado a Sindhia, aún cuando fue fuertemente ayudada por sus montañeses. Son guerreros extraordinarios, temidos bastante incluso por los ingleses, y que una vez lanzados, no se detienen más.

jueves, 10 de junio de 2021

V. El asalto de los tigres


El tren, a solo cincuenta metros de distancia, continuaba ardiendo, crepitando y tronando.
Todas las armas de fuego, poseídas por los desgraciados viajeros, al contacto de las llamas se descargaban con un estruendo ensordecedor, mandando proyectiles en todas direcciones.
Los cadáveres, ya cremados, no mandaban más ningún olor nauseabundo, no obstante un humo siempre densísimo todavía rondaba sobre los restos de los vagones. Eran las telas, esteras y almohadas que terminaban de consumirse junto con las colchonetas que servían de cama a la noche.
La locomotora, completamente destripada, todavía tenía trozos de carbón encendido y parecía que aún habiendo volcado, estuviera a punto de escapar de un momento a otro.
No obstante, el fuego cesaba rápidamente como también cesaba el que devoraba la jungla. La vegetación se desvanecía bajo los golpes de las llamas y yacía en tierra incinerada.

viernes, 28 de mayo de 2021

IV. El desastre


Toda Bengala está formada por planicies inmensas, ilimitadas, que siempre bajan al acercarse al delta del Ganges, empapándose de agua.
Las colinas se pueden contar con los dedos de una mano y no son mas que insignificantes elevaciones de algún centenar de metros, cubiertas por bosques impenetrables y habitadas por bestias feroces siempre al acecho.
Más allá de la estación de Bogra, la vegetación había cambiado bruscamente y ofrecía a las miradas maravilladas de los viajeros, ahora junglas gigantescas, pobladas por miríadas de marabúes y otras grandes zancudas, y ahora soberbias florestas de cocos, palmeras tara, mangiferas, pipal, todas plantas de tronco enorme y de follaje inmenso siempre verde oscuro.
Era la vegetación del delta, la verdadera vegetación bengalí.
El tren, lanzado siempre a buena velocidad, devoraba aquellas planicies sin ninguna dificultad, poniendo en fuga con su estrépito a millares y millares de aves y bandas de chacales. La línea era bastante buena y no siendo de un solo carril, no había peligro de ningún choque, al menos hasta más allá del paso del Ganges, todavía bastante lejano.

jueves, 13 de mayo de 2021

III. Dos bribones


Kammamuri y Timul, el joven buscador de pistas, no habían perdido el tiempo.
Después de una carrera furiosa sobre el dorso del penúltimo elefante que le quedaba a Yanez, habían llegado a Koch Bihar, la estación de ferrocarril más próxima a Assam, al menos en aquella época, porque hoy día las líneas se han triplicado, y cuyos trenes conducen directamente a Calcuta pasando a través de selvas inmensas infestadas de tigres y bandoleros indios, no menos audaces que los norteamericanos, y sobre puentes gigantescos tendidos sobre los grandes cursos de agua.
La Eastern Bengal Railway Company ha organizado un servicio verdaderamente admirable. Sus trenes se componen usualmente de pocos coches, bastante amplios y muy cómodos, provistos de cómodas banquetas elevadas, y que por medio de correas, a la noche, se pueden transformar rápidamente en camas.
En los lados opuestos a los compartimentos se abren dos o incluso tres lavabos, para arreglarse y aún para otras cosas que requieren los largos viajes con paradas a larguísimas distancias y bastante escasas.
Las ventanas están protegidas por esteras de vetiver, que son mantenidas siempre húmedas por depósitos especiales, de modo que la temperatura es relativamente fresca, también porque los coches tienen un doble techo que mitiga bastante el calor.

jueves, 29 de abril de 2021

II. La carga de Sahur


Aún cuando en el monte reinase una oscuridad profundísima, el pelotón se batía en retirada con mucha rapidez, ansioso por ponerse momentáneamente a salvo en la pagoda y esperar ahí al cornac.
No obstante, todos procuraban no desplazar las plantas, porque temían que los cercaran en aquellos alrededores, si no los rajputs, los conjurados que eran de temer mucho más.
No creían en absoluto que los parias hubiesen escapado todos, aún cuando nadie hubiese podido impedírselos después de aquella inesperada traición, porque podían haber salido por las otras puertas, dejando, en cambio, herméticamente cerrada la mayor.
Ningún ruido rompía el silencio de la noche. Solamente a lo lejos tres o cuatro chachales, probablemente no habiendo encontrado cena, desahogaban su malhumor con alaridos que atormentaban los oídos.
No obstante, los shikaris, expertos en las florestas, no avanzaban mas que con mucha precaución, pudiendo encontrarse imprevistamente ante algún tigre hambriento, uno de aquellos llamados comedores de hombres, que no vacilan en arrojarse incluso contra varias personas para llevarse alguna.

martes, 13 de abril de 2021

I. La fuga de los elefantes y los rajputs


Incluso Assam, como tantas otras partes de la India, es riquísima en pagodas, abandonadas por siglos y siglos en medio de las florestas por sus sacerdotes, por causas desconocidas.
Luego posee especialmente una, ya apretada por todas partes por los árboles, que muy poco tenía que envidiar al gran choultry de Madurai, una de las más magníficas que se encuentran en la India y que se dice costó treinta y dos años de trabajo.
Era precisamente la de Kalikò, que habría podido, por sus enormes dimensiones, por la magnificencia de sus esculturas, por la altura de sus techos, hacer palidecer incluso a las famosas de Benarés.
En un tiempo debió haber servido para numerosas peregrinaciones, luego quizá la guerra, los bandidos, los thugs, que no perdonaban ni siquiera a los sacerdotes, obligó a suspender sus fiestas sagradas y dejarse atrapar por las plantas parásitas, que son las más tremendas enemigas de los monumentos indostanos, y por los rotang y las lianas, con los calamus interminables que se habían enredado en sus majestuosas columnas, estrechándose alrededor de los gigantescos animales, en su mayoría elefantes de piedra, de estatura gigantesca, separados por las más extrañas encarnaciones de Visnú, y luego habían subido, muy alto, no detenidas más por ningún talwar, y habían invadido los altísimos techos piramidales, envolviendo todo, cubriendo todo.

martes, 6 de abril de 2021

La caída de un imperio

Primera edición (Florencia, 1911)
“La caduta di un impero”, es la cuarta novela que Salgari publica con el editor Bemporad de Florencia, luego de abandonar a su histórico editor genovés Antonio Donath. Se lanzó directamente en formato de libro en 1911, después del suicidio del autor el 25 de abril del mismo año.

Esta novela es una continuación directa de “Il bramino dell’Assam”, de la que no se tienen registros contables de los pagos por parte del editor a Salgari. Por lo que se sospecha que “La caduta di un impero” era el título real de la obra que abarca a las tres últimas novelas.

En “La caída de un imperio”, Yanez, junto a Tremal-Naik, Kammamuri y varios compañeros nuevos, se enfrentan a la rebelión desatada por el antiguo rajá Sindhia. Todavía habrá que esperar a la próxima novela para que Sandokan y sus cachorros entren en escena.